
El viernes 28 de agosto, a media mañana, el mar se apartó de la orilla en varias playas de Cartagena. El Ayuntamiento izó bandera roja. A las 12:30, hora local, la bandera pasó a amarilla, y el servicio de emergencias 112 lo atribuyó a causas naturales descartando riesgo para la población.
De aquella mañana circularon metros de arena, y no coincidían. La 7 habló de “entre cuatro y cinco metros en algunos puntos”. Cartagena Actualidad situó los “hasta unos siete metros” en la costa de Cartagena, y dejó “entre dos y tres” en la parte de La Manga que pertenece a San Javier. Mazarrón Noticias lo contó al revés: de tres a cinco metros en el sur y hasta siete en el norte, “ya en San Javier”.
De dos a siete metros, y el mismo tramo de playa, el de San Javier, con dos cifras que se llevan cinco metros. Así se comporta una apreciación a ojo hecha con prisa y desde la arena, y es exactamente para lo que sirve un instrumento.
En el mareógrafo del puerto de Cartagena, el mar bajó 14,8 centímetros en ocho minutos aquella mañana, entre las 11:03 y las 11:11 hora local, una vez filtrados el oleaje y la marea. Es el movimiento que la gente vio desde la arena. El dato es público y la cuenta es nuestra; el filtro está más abajo, por si alguien quiere rehacerla. En las noticias de aquellos días no dimos con esta cifra.
Y hay un segundo número, este del satélite, que cambia cómo se lee la noticia. En esa misma playa, la orilla cambia de sitio hasta 7,9 metros de un día normal de verano a otro. Los siete metros que se contaron se parecen a lo que esa orilla hace un martes cualquiera.
Así que los metros de arena no separan el 28 de agosto de un día normal. Los centímetros tampoco, y eso es lo que no esperábamos: medida la semana entera, el 28 no fue el día en que más se movió el mar en Cartagena. El día grande fue cuatro días antes, y en Murcia no lo contó nadie.
Qué se ve en la escena, y qué no
La portada es una recreación propia de la pasada del 29 de agosto, la primera sin nubes después del episodio: color real, procesado propio, unos 18 por 10 kilómetros.
En la cara mediterránea de La Manga corre una franja de agua clara pegada a la playa que enseguida da paso a un azul muy oscuro. Ese salto de color engaña: no es el borde de una sima. A dos kilómetros de la orilla, en el tramo norte de La Manga, el fondo sigue a veintiún metros. Lo que ocurre es que el agua deja de devolver luz mucho antes de que el fondo se acabe.
Y lo que la escena no dice es a qué altura estaba el agua. Una imagen óptica no trae el nivel del mar dentro: hay que ponérselo al lado. Es la lección que nos llevamos midiendo la marea que no sale en la foto en Guinea-Bisáu. Cuando Sentinel-2 pasó ese 29 de agosto el mar estaba unos 9 centímetros por debajo de la media de las diez imágenes de este verano que comparamos más abajo.
Los centímetros
En esta costa el nivel del mar lo mide el Instituto Geográfico Nacional, en el puerto de Cartagena. Su propia página advierte de lo que son sus ficheros: “Datos directos de observación, sin proceso de control y revisión”.
Ese puerto tiene además una estación en la red de vigilancia del nivel del mar de la Unesco, con una muestra cada seis segundos. De ahí salen estos centímetros.
Un mareógrafo de puerto recoge tres cosas a la vez. La marea, que en el Mediterráneo es pequeña y lenta. El oleaje, que va en segundos. Y en medio, la que aquí interesa: la banda de los periodos de minutos. Ahí sitúa la literatura un meteotsunami, que es una onda larga empujada por la atmósfera y no por un terremoto: ondas de “un periodo de entre 2 y 120 minutos”, en nuestra traducción, según Lewis y sus colegas en Natural Hazards and Earth System Sciences.
El filtro es corto de explicar. Promediamos la serie a un valor por minuto, le pasamos un promedio deslizante de cinco minutos, que se lleva el oleaje, y le restamos otro de dos horas, que se lleva la marea. Ese promedio recorta también algo de la propia oscilación, así que todas las cifras de aquí son estimaciones conservadoras: la amplitud bruta es algo mayor, no menor.
| Día | Mayor salto del mar | Cada cuánto se repetía |
|---|---|---|
| 24-08-2026 | 25,6 cm de subida en 9 min | unos 22 min |
| 25-08-2026 | 15,8 cm de bajada en 16 min | unos 23 min |
| 26-08-2026 | 15,5 cm de bajada en 7 min | unos 22 min |
| 27-08-2026 | 13,3 cm de subida en 6 min | unos 23 min |
| 28-08-2026 | 15,9 cm de bajada en 7 min | unos 23 min |
| 29-08-2026 | 9,3 cm de bajada en 8 min | unos 17 min |
Aquí hay tres cosas que no cuadran con lo que se contó.
La primera es que el 28 no destaca. Del 25 al 28, cuatro días seguidos, el mar dio saltos de entre trece y dieciséis centímetros, en saltos de entre seis y dieciséis minutos. Solo uno de esos días tuvo bandera roja.
La segunda es la hora. El mayor salto del 28 no fue el de la mañana que vació las playas: fue a las 16:29, hora local, con la bandera ya en amarillo desde las 12:30 y la gente otra vez en el agua. Nadie lo vio, porque un descenso de quince centímetros repartido a lo largo de una playa no se nota si no lo estás midiendo.
Y la tercera es el día 24. Ese día el mar subió 25,6 centímetros en nueve minutos en el puerto de Cartagena: sesenta por ciento más que el 28 y más que cualquier otro día de la semana. Es el día del episodio del litoral valenciano, el que sí llegó a los periódicos. En Gandía el mar bajó 62,1 centímetros a las 11:05 hora local y en Cartagena subió 25,6 a las 11:31, veintiséis minutos después.
El mismo fenómeno que fue noticia por Valencia pasó también aquí, con más fuerza que el día que fue noticia por Murcia. Y aquí no lo contó nadie.
En Gandía la cifra sí llegó a los periódicos al día siguiente. Con nuestro mismo filtro son 62,1 centímetros en ocho minutos, dos veces y media lo de Cartagena esa misma mañana. Comparamos registros de dos puertos con geometrías distintas, no la fuerza del fenómeno en cada costa. El primer sospechoso de esa diferencia es la forma del fondo marino frente a cada playa. En treinta kilómetros de esta costa, la profundidad que hace crecer la ola está a ochocientos metros de la orilla en un sitio y a once kilómetros en otro.
Los metros
Aquí el satélite aporta lo que ningún mareógrafo puede dar: qué hace la orilla a lo largo de kilómetros de playa, y no en un punto.
Medimos la posición media del borde del agua en la playa mediterránea de La Manga en diez imágenes del verano de 2026, a lo largo de 4,71 kilómetros de playa. Todas están tomadas hacia las 11:00 en hora universal, que en agosto son cerca de las 13:00 en esta costa.
Entre el día que menos playa había y el que más hay 7,9 metros, más menos 0,6. Ninguno de esos diez días tuvo bandera roja ni llamadas al 112 que nos consten. Uno sí conviene señalarlo: el 29 de agosto es el día siguiente al episodio.
Nuestros 7,9 metros y los siete de la prensa no son el mismo número, y conviene decirlo antes de ponerlos uno al lado del otro.
Los suyos son lo que alguien vio en un punto de la playa, a ojo y con prisa. Los nuestros son el promedio de casi cinco kilómetros medido sobre imágenes, y un promedio de cinco kilómetros se mueve menos que cualquier punto suelto.
Además miden cosas distintas. Los siete metros de la prensa son el retroceso de una mañana. Nuestros 7,9 son la diferencia entre el día de menos playa y el de más, en diez días de aquel verano. Comparando lo mismo con lo mismo: el día de más playa tenía 3,1 metros más que un día normal de esos diez.
Con eso delante, queda la comparación que importa: unos metros de arena, por sí solos, no bastan para separar el 28 de agosto de un martes cualquiera.
Y entonces, ¿qué pasó el 28?
Pasó algo real, y las banderas estuvieron bien puestas. Lo que no pasó es que fuera excepcional.
Miramos también la otra mitad del registro, la que el filtro tira: los cambios lentos, los que tardan horas. Son otros números y no se comparan con los de la tabla de arriba, porque aquí no medimos el mayor salto de unos minutos, sino cuánto se movió el mar despacio a lo largo del día. Si el aire hubiera empujado poco a poco, el 28 tendría que destacar también ahí. No destaca.
Las dos cosas conviven. El oceanógrafo Francisco López Castejón describía aquellos días un cambio que “lo habitual es que tarde días en producirse, pero aquí ha ocurrido en apenas 12 horas”. Eso encaja con una semana entera movida, que es lo que enseña la tabla, mejor que con una mañana suelta.
Lo que sí distingue al 28 está en la tabla, en una columna fácil de pasar por alto: el sentido. El 24, el mayor movimiento fue una subida, y el mar que sube no descubre arena ni deja a nadie mirando el fondo. El 28 por la mañana fue una bajada, y en una playa de poca pendiente una bajada se ve desde lejos.
Lo que hizo especial al 28 de agosto no fue el tamaño de la oscilación. Fue que se vio.
Qué decisión permite esto
Para quien decide si iza una bandera, esta semana sugiere que la señal útil no está en la playa, sino en las oscilaciones de minutos que registra el mareógrafo más cercano.
Sugieren, no demuestran: con una semana no hay referencia. Una retirada de varios metros puede ser un episodio de resonancia o un día de mar movida en una playa de pendiente suave, y desde la arena no se distinguen. Una serie que mide cada pocos segundos sí tiene con qué distinguirlos, y esos datos son abiertos y casi en tiempo real. Lo que falta es la referencia de un verano entero, con sus percentiles y sus falsos positivos. Ese es el siguiente trabajo.
Hay además un asunto de dónde hay instrumentos, y la comparación con Valencia lo enseña bien. Allí la cifra estuvo al día siguiente porque en el puerto de Gandía hay un mareógrafo de Puertos del Estado. En la red del Instituto Geográfico Nacional, toda la costa de la Región de Murcia se cubre desde un único punto, dentro de un puerto, a veinticinco kilómetros de La Manga.
Para mareas y nivel medio, que es lo que esa red mide, un punto sirve. Para una oscilación de minutos que se amplifica según la forma de cada tramo de costa, la física dice que no: dos tramos vecinos responden distinto.
Aquí son metros de arena y centímetros de mar, como en la bajada del Rin eran una profundidad y una anchura. Juntar esas dos mitades en la misma línea de tiempo, con la misma incertidumbre declarada, es el trabajo que hacemos en vigilancia del medio marino y costero.
Queda una pregunta sin responder. Es nuestra costa, así que también es nuestra la pregunta: con quince centímetros medidos a veinticinco kilómetros, ¿cuánto se movió el mar en La Manga aquella mañana? Lo vieron cientos de personas; lo que faltó fue un instrumento que lo anotara. Con un punto de medida entre Cabo de Palos y La Manga, la próxima vez lo sabremos.