Cuántos olivos hay: 124 por hectárea, y es un mínimo

Escáner láser sobre un cuadrado de 16 km² de la Subbética: 130.668 copas en el olivar, al menos 124,3 olivos por hectárea, separando copas a 3,5 m.

Agroalimentario · 18-09-2026

Foto aérea vertical de un recinto de olivar en ladera, es decir el trozo de una finca plantado de olivos, visto entero, con una barra de escala de 20 metros abajo a la izquierda. Una línea azul turquesa cierra el recinto con cuatro lados largos que ocupan casi todo el encuadre. Dentro, los olivos van en filas diagonales regulares separadas por calles de suelo labrado, y un círculo rojo marca cada una de las 133 copas que ha encontrado el detector, el programa que las busca; la esquina norte queda en sombra bajo arbolado alto y allí los círculos van sueltos. Por el lado sur esa línea sigue un camino de tierra. Alrededor del recinto sigue habiendo olivar, con las filas orientadas de otro modo y las copas más separadas entre sí; esos árboles no llevan círculo.
PNOA 2022 · 25 cm por píxel · foto de noviembre de 2022 · un recinto de olivar en ladera de la Sierra Subbética. La línea azul turquesa es el contorno que SIGPAC dibuja para el recinto, y los círculos rojos son las 133 copas que el detector cuenta dentro de él. Alrededor sigue habiendo olivar, con las filas orientadas de otro modo, y esos árboles caen fuera del recinto y por eso no llevan círculo. Obra derivada de PNOA 2022 CC-BY 4.0 scne.es y de LiDAR-PNOA-cob3 2022-2025 CC-BY 4.0 scne.es; Recintos SIGPAC campaña 2026 © FEGA (CC BY 4.0) · procesado propio

Por Pedro Hernández

Un olivar tiene en el mapa oficial un uso y una superficie, pero ese mapa no dice cuántos árboles hay dentro. El vuelo público con escáner láser sí lo deja medir. Barre el terreno con pulsos de luz y devuelve la altura de la vegetación, copa a copa. Contar árboles es entonces buscar los puntos más altos, y ahí empieza lo interesante: el resultado depende de un número que hay que elegir a mano y declarar al lado de la cifra.

En la Sierra Subbética cordobesa, el escáner láser aéreo del vuelo público de 2024 localiza 130.668 copas en el olivar de un cuadrado de 16 kilómetros cuadrados: al menos 124,3 olivos por hectárea de mapa, contando como un solo árbol las copas que estén a menos de 3,5 metros.

Ese olivar suma 1.051,46 hectáreas repartidas en 1.743 recintos, que es como llama el mapa oficial al trozo de una finca con un solo uso: una finca se parte en tantos recintos como usos tenga, olivar, almendro o pasto. Entran los que caben enteros dentro del cuadrado y llegan a 1.000 metros cuadrados.

El “al menos” no es una forma de hablar: con este método se cuenta de menos, y más abajo está por qué.

El recuadro es el trozo de sierra que hemos medido: ese cuadrado de 4 kilómetros de lado, con Carcabuey en su cuadrante suroeste y Priego de Córdoba a unos 6 kilómetros al este. La superficie de cada recinto la publica el SIGPAC, el mapa oficial de las parcelas agrícolas españolas, y es ese mapa el que usa la PAC, la política agrícola común europea, para pagar sus ayudas.

El escáner láser aéreo, o LiDAR, voló en 2024 y dejó sobre este recuadro 9,7 puntos medidos por metro cuadrado, casi el doble del mínimo de cinco que promete la ficha del vuelo.

Una cosa más, medida en el artículo anterior de esta serie y necesaria aquí: una finca en ladera tiene dos superficies, la que dibuja el mapa, plana, y la que se pisa, siempre mayor. En estos mismos recintos de olivar hay 1.051,46 hectáreas de mapa y 1.081,18 de suelo real, un 2,83 % más. Los olivos por hectárea cambian según por cuál de las dos se divida.

Al menos 124 olivos por hectárea, y de qué número depende esa cifra

Con el mapa de alturas que sale del mismo escáner láser se pueden contar copas. Mide lo que sobresale del suelo, sea planta o no, y eso importará más abajo. En los 1.743 recintos de olivar salen 130.668 detecciones, es decir 130.668 copas encontradas, y cuántos salen por hectárea depende de qué superficie se use para repartirlos:

Repartidas entre Olivos por hectárea
Las 1.051,46 hectáreas del mapa 124,3
Las 1.081,18 hectáreas de suelo real 120,9

Es el mismo hecho del principio visto del revés: si la superficie sube un 2,83 %, los olivos por hectárea bajan un 2,75 %, porque los mismos árboles se reparten sobre una base mayor. Cuanto más empinado, más se nota: en el olivar del 30 al 40 % de pendiente la bajada es del 6,0 %, y por encima del 50 %, del 15,4 %, pesando cada recinto según sus hectáreas.

Esa cifra depende de dos números elegidos a mano, y publicarla sin ellos sería publicarla mal. El primero es el radio del detector. El detector es el programa que busca las copas, y su radio es la distancia mínima que tiene que haber entre dos puntos altos para contarlos como dos copas y no como una. El segundo es la altura mínima, y deja fuera todo lo que no levante 1,2 metros del suelo. El radio es el que manda, y cuanto mayor es, más copas vecinas se funden en una y menos salen:

Radio del detector Olivos por hectárea
2,0 m 213,3
2,5 m 172,4
3,0 m 144,8
3,5 m 124,2
4,0 m 106,7
4,5 m 91,1

Trabajamos con un radio de 3,5 metros. Dos copas más juntas que eso se cuentan como una sola, así que el radio tiene que quedarse por debajo de lo que separa a dos olivos vecinos. El caso más apretado es el olivar donde las copas llegan a tocarse: ahí sus centros quedan a un ancho de copa, y ese ancho es el que pone el límite. La tabla de arriba se calcula sobre todo el olivar del recuadro, recintos pequeños incluidos, y por eso su fila de 3,5 metros da 124,2 olivos por hectárea en vez de 124,3.

Un inventario del olivar andaluz publica ese ancho finca por finca para 35 olivares de Jaén, calculado sobre foto aérea. No publica una media, y la de esos 35 sale a 5,4 metros. Trae además el ancho que anotan los registros oficiales de sanidad vegetal, que repiten exactamente 4,0 metros en 26 de las 35 filas. Un número redondo repetido así parece puesto por defecto y no medido, así que el que sirve aquí es el calculado sobre la foto.

Ese ancho pone un techo, no elige un número: por debajo caben los 3,5 metros que usamos y también los 4,5 de la última fila. Y son anchos medios de cada olivar, no copas medidas una a una, así que dentro de un mismo olivar habrá copas más estrechas que esa media. El “al menos” del titular vale dentro de esa elección, y por eso la cifra lleva pegado su radio.

El segundo número es la altura mínima, 1,2 metros, y recorta por abajo. Un 3,6 % de las detecciones del olivar mide entre 1,2 y 2 metros, o sea justo por encima de ese corte. Lo que no llega a 1,2 metros no se cuenta, y una plantación joven cae con facilidad de ese lado.

Ninguna de las 296 detecciones revisadas cae sobre suelo desnudo

Después se miraron una por una, y esa parte se puede rehacer con la misma foto aérea. Se revisaron 296 detecciones sobre foto aérea del Plan Nacional de Ortofotografía Aérea a 25 centímetros de píxel, contando árbol por árbol. Fueron seis ventanas, seis cuadrados de 60 metros de lado, en recintos de más de 0,8 hectáreas. Cinco se repartieron por pendientes muy distintas, con el 3 %, el 11 %, el 30 %, el 40 % y el 46 %. La sexta se escogió al azar. Ninguna detección cae sobre suelo desnudo. Todas están encima de una copa. Eso descarta un tipo de fallo, el de marcar copas donde no las hay, y deja en pie el otro: no marcar las que sí están. Y si esa copa es de un olivo o de otra cosa es una pregunta distinta, que va más abajo.

Tres recortes cuadrados de la misma ventana de 60 metros de lado en un olivar de ladera, uno al lado de otro. El de la izquierda es la foto aérea sin nada encima: sobre un suelo pardo rojizo recién labrado se ven copas de olivo oscuras, redondeadas y separadas entre sí, ordenadas en filas diagonales. El del centro es la misma foto con una rejilla blanca de diez metros y un círculo rojo con una cruz sobre casi todas las copas; unas pocas se quedan sin marcar, sobre todo donde dos copas se tocan. Por el borde de arriba de ese panel y del siguiente asoma el borde del recinto, en azul turquesa. El de la derecha ya no es una foto: es la altura de la vegetación medida por el láser, en gris sobre fondo negro, donde las copas aparecen como manchas claras y llevan los mismos círculos rojos en los mismos sitios, esta vez sin la cruz, y el suelo desnudo queda casi negro.
Sesenta metros de lado en un olivar del 30 % de pendiente. A la izquierda, la foto aérea tal cual. En el centro, la misma foto con un círculo sobre cada copa que ha encontrado el detector, el programa que las busca, y la rejilla de diez metros para dar escala. A la derecha, lo que de verdad se mide: la altura de la vegetación según el láser, donde el suelo desnudo es negro y cada copa una mancha clara. A ojo se revisaron seis ventanas de 60 metros de lado, de las que esta es una, y las 296 detecciones que había dentro estaban todas encima de una copa como estas. Ninguna cayó sobre suelo desnudo, pero el detector sí se deja árboles sin marcar. Esta ventana es el caso fácil, con las copas separadas; donde se tocan y el mapa de alturas las funde, encuentra entre el 65 % y el 85 % de los árboles. La línea que asoma por el borde de arriba es el borde del recinto, el trozo de finca con un solo uso que mide el mapa oficial. Foto de agosto de 2022. Obra derivada de PNOA 2022 CC-BY 4.0 scne.es y de LiDAR-PNOA-cob3 2022-2025 CC-BY 4.0 scne.es; Recintos SIGPAC campaña 2026 © FEGA (CC BY 4.0).

Los fallos que sí encontró esa revisión son del otro tipo. Hay copas que no se detectan, y se concentran donde las copas se tocan y el mapa de alturas las funde en un solo bulto. Con árboles separados se localiza entre el 92 % y el 97 % de los árboles; donde se funden, entre el 65 % y el 85 %.

Esa comprobación tiene sus límites, y van con ella. Se hizo sobre pantalla y no en el campo: nadie ha contado un olivo en el suelo. La foto aérea de esta zona es de agosto a noviembre de 2022 y el escáner láser es de 2024. Y en olivar denso, cuántos árboles hay es ambiguo hasta a ojo, porque un mismo olivo puede tener varios troncos que salen de la misma raíz y se separan entre sí. Sirve para saber hacia qué lado falla la cuenta y de qué tamaño es el fallo, no para dar un porcentaje de detección con decimales.

Por qué 124,3 es un mínimo y no un recuento

Hacia qué lado falla la cuenta es la parte que más se suele callar. A la altura mínima, que ya recorta por abajo, hay que sumarle tres fallos más, y esos tres no tiran en la misma dirección.

Uno quita árboles de la cuenta: dos olivos con las copas tocándose cuentan como uno, y cuánto quita es lo que acaba de medir la comprobación de arriba. Los otros dos añaden. Un olivo de varios troncos separados puede contarse dos veces. Y el detector busca altura, no especie. Una encina, un almendro o el tejado de un cortijo dentro de un recinto declarado de olivar entran en la cuenta como un olivo más.

124,3 olivos por hectárea es un mínimo, y lo es porque los tres no pesan igual. El que quita está medido y es grande: se deja entre el 3 % y el 8 % de los árboles incluso con las copas separadas, y entre el 15 % y el 35 % donde se funden. A los dos que añaden los limita el propio detector, aunque no los mida. Para contar dos veces un olivo de varios troncos hace falta que esos troncos se separen más de 3,5 metros. Eso es más de un tercio del marco de plantación de por aquí, la distancia a la que están puestos los árboles. Su mediana, el valor que deja la mitad a cada lado, son 8,9 metros.

Y de los árboles que no son olivos solo se delatan los que pasan de cierta altura. De las 130.668 detecciones del olivar, 1.136 pasan de 8 metros: un 0,87 %. En el recinto de la foto de portada son tres de 133.

Queda sin acotar el almendro del tamaño de un olivo, que no se delata por nada. Aun con eso encima, el saldo cae del lado de contar de menos, y justo en el olivar tradicional denso. Por eso decimos mínimo y no recuento.

Lo que la cifra mide con precisión es cuántas copas quedan al contar como una sola todas las que estén a menos de 3,5 metros. Llamarlas olivos es una interpretación, razonable dentro de un recinto declarado de olivar. Es la misma línea que ya separamos en el estuario del Guayas: allí medimos agua que no toca el cauce mareal, que es por donde sube y baja la marea. Esa agua es sobre todo balsa de acuicultura, pero no solo, y llamarla balsa sin más habría sido ponerle un nombre que el método no puede dar.

Que el detector no distingue especies se ve mejor fuera del olivar. De todas las detecciones que hace en el recuadro, un 16 % cae en recintos que no son de olivar: frutales, almendros, matorral que pasa de esa altura mínima, tejados y los bordes elevados de los caminos. Esas no entran en las 130.668, que son solo las de los recintos de olivar. Y no son fallos del detector, que busca puntos altos y los encuentra. Para él un olivo, una encina y una mata alta son el mismo bulto.

El marco de plantación se puede medir sobre el propio recinto. En conjunto apunta al mismo orden de magnitud que el recuento de copas. Pero recinto a recinto los dos números no se parecen: la correlación es de 0,51 sobre un máximo de 1, medida en los 1.374 recintos donde ese marco se puede calcular. Coincide en bloque y discrepa caso a caso, así que no confirma nada.

La única comparación ajena que hemos encontrado tampoco valida nada, pero merece la pena porque dice si nuestra cifra es de un tamaño razonable. Un equipo de la Universidad de Córdoba inventarió el 92 % del olivar andaluz desde datos públicos y contabilizó 1.519.438 hectáreas y 171.980.593 olivos. Salen a 113 olivos por hectárea. Nuestros 124 olivos por hectárea quedan cerca, en un olivar de sierra que no tiene por qué parecerse a esa media.

Los olivos por hectárea son un requisito de una ayuda

Los olivos por hectárea no son solo un dato agronómico: son una condición de acceso a una ayuda. Y la hectárea que cuenta en el expediente es la que SIGPAC publica para el recinto, la del contorno que le dibuja el mapa. El Real Decreto 1048/2022 reserva, en su redacción vigente, la ayuda al olivar con dificultades específicas y alto valor medioambiental a las parcelas “clasificadas como superficie de secano según SIGPAC”, es decir al olivar sin riego. Sobre ellas exige, en su artículo 79 y entre otros requisitos, “contar con una densidad de plantación por hectárea de hasta 100 árboles o una pendiente media de recinto superior o igual al 25 %”. Y también “contar con una densidad mínima por hectárea de 30 árboles”.

El tope de los 100 árboles y la pendiente del 25 % van en la misma frase citada y unidos por una o, así que basta con cumplir uno de los dos. El mínimo de 30 árboles va aparte y se exige además. Este artículo desarrolla los olivos por hectárea: el tope de 100 y el mínimo de 30. La pendiente se mide sobre el modelo del terreno, y de ella se ocupa el artículo anterior de esta serie.

La condición se cumple por abajo y no por arriba, que es lo contrario de lo que uno supone al leerla. La ayuda está pensada para el olivar con pocos árboles, o para el empinado, así que entra quien tenga 100 árboles o menos por hectárea, o el 25 % de pendiente o más. Con nuestros números hay muchos recintos pegados a ese tope: 243 de los 1.743 caen entre 90 y 110 olivos por hectárea. En esa cuenta no hemos separado secano de regadío, que es lo primero que mira el expediente. Y la tabla de radios de antes cruza ese tope por el medio: 124 olivos por hectárea con 3,5 metros de radio, 107 con 4 metros y 91 con 4,5.

Nuestro error empuja hacia un lado, y más vale decirlo aquí que oírlo después. Como contamos de menos, un recinto nuestro parece tener menos árboles de los que tiene, y así cumple el tope de los 100 árboles con más facilidad de la que debería. Con el mínimo de 30 árboles ese mismo error juega al revés: contar de menos puede dejar fuera a un recinto de pocos árboles que sí llega. De los 1.743 recintos medidos, veinte quedan por debajo de esos 30, y seis se quedan en cero detecciones. Nada de esto hace buena nuestra medida frente a la oficial. Lo que dice es que alrededor de ese tope el radio del detector deja de ser una discusión de método y empieza a mover expedientes.

Hasta dónde llega esto

El modelo del terreno del que se resta la altura de cada copa es provisional, y lo dice su propio editor. El Centro Nacional de Información Geográfica advierte que estos modelos de medio metro salen de una clasificación inicial de la nube de puntos, las alturas sueltas que devuelve el láser antes de ordenarlas en rejilla. Y avisa de que está prevista una versión definitiva, “lo que permitirá mejorar la calidad y fiabilidad del producto final”. Cuando salga habrá que rehacer este recuento.

Y nada de esto dice si el olivar está sano ni si produce: no se ha medido el vigor de la planta, ni la cosecha del año, ni el abandono. Se contaron copas.

Por qué no hay aquí ni una imagen de satélite

No es un descuido. El píxel de Sentinel-2 mide 10 metros de lado en lo más fino que capta, según la documentación de la misión, o sea 100 metros cuadrados. Una copa de cinco metros de diámetro, como las de más arriba, ocupa menos de la cuarta parte de eso. Ya en un mosaico de fincas visto a esa escala ese píxel quedaba mucho más grueso de lo que hacía falta aquí. Lo que sí llega es el escáner láser, ya volado y pagado con dinero público. El vuelo pasa cada pocos años y el satélite cada pocos días, así que la pregunta siguiente es qué parte de este recuento se sostiene entre vuelo y vuelo. Este artículo no contesta esa pregunta.

Mientras tanto, lo que ya se puede hacer. El dato de partida es público, y la cuenta se puede rehacer con el mismo vuelo. Quien la repita en su comarca con otro radio obtendrá otro número, y ese es justamente el número que hay que declarar al lado de la cifra.

Un inventario así dice cuántos árboles hay, con qué radio se contaron y cuántos se quedan fuera donde las copas se tocan. Es el tipo de dato que metemos en las decisiones agronómicas que se toman recinto a recinto. Ahí los olivos por hectárea no son una curiosidad: son una condición de un expediente y el número por el que se divide la dosis.

Queda la pregunta que no responde ninguna imagen: cuando en tu organización se usa una densidad de plantación, para una dosis, para un rendimiento o para un expediente, ¿sabes de dónde sale ese número y qué se contó como un árbol?

Datos: modelo del terreno y nube de puntos del vuelo LiDAR del Plan Nacional de Ortofotografía Aérea, obra derivada de MDT50cm-cob3 2022-2025 CC-BY 4.0 scne.es y de LiDAR-PNOA-cob3 2022-2025 CC-BY 4.0 scne.es; obra derivada de PNOA 2022 CC-BY 4.0 scne.es; recintos SIGPAC campaña 2026 © FEGA (CC BY 4.0).

Cómo se hizo. Todo lo que se mide aquí sale de datos públicos oficiales, los de arriba, cada uno con su licencia. Las cifras se comprobaron una a una contra esas fuentes antes de publicar.

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