
El 12 de julio de 2026, el programa espacial de la Unión Europea eligió como imagen del día un embalse pequeño y ramificado del este de Eslovaquia. Se llama Starina, y la ficha oficial explica por qué importa: “Starina Reservoir, in eastern Slovakia, is the country’s largest source of drinking water”. El mayor origen de agua potable del país, dentro del Parque Nacional de Poloniny y rodeado de hayedos primarios del Patrimonio Mundial de la UNESCO.
La escena la tomó un Sentinel-2 el 29 de junio de 2026, recompuesta por nosotros desde el Copernicus Data Space Ecosystem. Al mirarla aparece la pregunta del oficio: ya tenemos la foto. ¿Y ahora qué sabemos?
Lo que se ve en nuestra escena
Color real, bandas B04, B03 y B02, sobre un recuadro de 16,1 kilómetros de ancho servido a 1600 por 900 píxeles: unos 10 metros por píxel, la resolución de las cuatro bandas de 10 metros de Sentinel-2. El catálogo da esta toma con un 7,1 % de nubes; sobre nuestro recuadro la clasificación no marca ninguna. Guarda esa diferencia, que luego vuelve.
Se ve una lámina alargada y ramificada, azul oscuro, encajada entre laderas de bosque muy denso, con la línea recta del dique cerrando el extremo sur. Y rodeando el agua, un anillo pálido continuo, más ancho en el brazo occidental.
Ese anillo lo menciona también la fuente oficial: describe “fields, roads, and pale shorelines tracing the reservoir’s edge”. Y ahí se para. No dice que el embalse esté bajo, ni que Starina esté en sequía, ni da una cota.
La trampa del anillo: el cerco pálido no mide el nivel del embalse
La tentación es obvia: ves un cerco claro alrededor del agua, como el de una bañera vacía, y concluyes que el nivel ha bajado. Pero ese anillo es la franja de oscilación, el sustrato desnudo entre el nivel máximo y el del día, y un embalse que reparte agua a lo largo del año, por diseño, lo tiene también cuando funciona bien. La foto no distingue un embalse en apuros de uno que hace su trabajo. Te falta el antes.
Medir la lámina de agua de Starina en el archivo de Sentinel-2
Así que fuimos a por él: la lámina de agua en la misma quincena de finales de junio de cada año desde 2016, sobre el mismo recuadro. La máscara se la pedimos al dato, no al color: los productos L2A traen una banda de clasificación de escena en la que la clase 6 es el agua, y esa es la que nos quedamos. Nos quedamos también con la mancha más grande, que es el embalse: contar toda el agua del recuadro metería ríos y arroyos. Y descartamos la toma si más del 5 % del recuadro está bajo nube o sombra, umbral fijado antes de mirar ninguna cifra. La sombra cuenta aparte: una nube sobre el agua no la apaga, la borra, y se lleva píxeles sin dejar el blanco que la delata.
Falta la decisión que casi nos cuesta el artículo: miramos todas las tomas de cada quincena, no una.
El catálogo enumera, la medida decide
Cada escena del archivo viene con su porcentaje de nubes ya calculado. Es una cifra cómoda, y por eso es peligrosa: describe la escena entera, no tu recuadro. Es la misma lección que aprendimos con la hora de paso de Sentinel-2 sobre el estuario de Guinea-Bisáu: el dato que el catálogo te da fácil no siempre es el que responde a tu pregunta.
Lo hemos medido en las 66 fechas con toma. El porcentaje del catálogo y el nuestro se parecen bastante, con una correlación de 0,82: lo suficiente para tentarte, y no lo suficiente para fiarte. En 7 de los 11 años, la toma más limpia del catálogo no es la más limpia sobre nuestro recuadro.
Lo caro no es el desacuerdo, es dónde aparece. El 1 de julio de 2019 el catálogo daba un 0,7 % de nubes, un número que pasa cualquier umbral sin que lo mires dos veces. Sobre nuestro recuadro esa toma tiene un 16,2 % entre nube y sombra, y medida devuelve 7,0 hectáreas: el embalse hecho trizas por una nube que el catálogo promedió contra el resto de la escena. La toma que acabamos usando, tres días después, el catálogo la daba con un 2,9 %, cuatro veces más sucia. Y es la buena: 224,4 hectáreas.
Un dato que falta se nota; uno malo con el sello puesto, no.
Once años, cinco cifras
66 fechas examinadas, once años, cinco con una toma limpia:
- 04-07-2019: 224,4 hectáreas
- 25-06-2021: 221,0 hectáreas
- 30-06-2022: 221,7 hectáreas
- 01-07-2025: 223,9 hectáreas
- 29-06-2026: 219,5 hectáreas
Conviene saber cuánto valen. La orilla mide unos 13 kilómetros, y fallar un solo píxel a lo largo de toda ella son 13 hectáreas: un 6 %. Ese es el suelo del método, y no se reduce con más píxeles: los errores de una orilla no son independientes, los encadenan el sol, el viento y la turbidez. Entre la mayor y la menor de las cinco cifras hay un 2,2 %: algo más de un tercio de ese suelo. Los cinco años son indistinguibles.
Las seis tomas que el filtro tumbó también dan un número: van de 178,4 hectáreas (2017) a 230,2 (2020), una dispersión del 29 %, trece veces la de las limpias. Con esa baraja puedes demostrar que Starina se vacía o que se desborda, según la carta que elijas.
Cinco finales de junio no son una climatología: en los cinco años comparables, la lámina medía lo mismo, y no podemos afirmar más. La foto ofrecía titular en tres segundos; el dato tardó 66 fechas en decir que no lo había.
Lo que ni siquiera así sabemos
Hemos medido superficie, no volumen. En un embalse encajado entre laderas empinadas, el nivel puede caer varios metros mientras la lámina apenas se mueve. La propia fuente fue precisa en esto: habla de “monitoring reservoir water extent, supporting water management and drought response planning”. Extensión, no nivel. Dice lo que puede decir, y con cinco cifras, nosotros tampoco.
No es casualidad que el Centro Común de Investigación de la Comisión Europea, para hablar en serio del agua del planeta, publicara 32 años de imágenes Landsat y llamara a sus capas ocurrencia, cambio, estacionalidad, recurrencia, transiciones y extensión máxima. Ninguna cabe en una fotografía; hasta la última es un máximo a lo largo de 32 años.
Lo que hacemos con esto
En T3 AISAT trabajamos en esa conversión: de píxel a dato, de dato a serie y de serie a evidencia con fecha, posición y método, la misma lógica que sostiene nuestra alerta temprana de sequía. Un embalse de los Cárpatos y uno de la cuenca del Segura se miden con la misma infraestructura pública: cambia el paisaje, no el método. Y en el sureste español, donde el agua se reparte con decisiones que alguien tiene que defender delante de otro, saber con qué respaldo se afirma algo es el trabajo.
Para rehacerlo: recuadro 22,148 a 22,368 este y 49,017 a 49,098 norte, colección sentinel-2-l2a, quincena del 22 de junio al 6 de julio, clase 6 de la SCL, mayor componente conexa. De cada año se miden todas las tomas y se conserva la de menor contaminación sobre el recuadro (si dos empatan, la más temprana); si pasa del 5 %, el año no entra.
La próxima vez que veas un embalse por satélite en un titular, con su cerco claro, hazte la pregunta barata: ¿esto comparado con qué?
Fuentes: EU Space, Copernicus Image of the Day: Starina Reservoir, 12-07-2026; ficha de la misión Sentinel-2 del Copernicus Data Space Ecosystem; y Global Surface Water Explorer, JRC de la Comisión Europea (Pekel, Cottam, Gorelick y Belward, Nature, 2016). La imagen original es de la Unión Europea, Copernicus Sentinel-2 imagery: no la reproducimos, puedes verla en la fuente. La escena y las cifras de lámina de agua son nuestras.