Gredos, treinta días después: las manchas siguen desnudas

Escena Sentinel-2 del 28 de agosto en la comarca del Alberche: de las 1.229 manchas pequeñas que ardieron en julio, 1.176 siguen mayoritariamente en carbón.

Emergencias · 04-09-2026

Escena Sentinel-2 del valle del Alberche y la cara norte de Gredos (Ávila) el 28 de agosto de 2026, en composición de infrarrojo de onda corta, infrarrojo cercano y rojo, con el terreno en verde intenso, manchas pajizas de pasto seco al noroeste y el embalse del Burguillo en negro, alargado, en el tercio superior derecho. Sobre la imagen, las 1.269 manchas quemadas medidas en julio: las 40 grandes pintadas en rojo forman una cicatriz continua en la mitad derecha, y las 1.229 pequeñas, en ámbar, se agolpan sobre esa cicatriz y en una orla estrecha a su alrededor, más densa hacia el oeste y el sur; el tercio izquierdo del encuadre está limpio. Abajo hay algunos cúmulos pequeños con su sombra.
Sentinel-2 L2A · 28-08-2026 · Valle del Alberche, cara norte de Gredos · infrarrojo de onda corta, infrarrojo cercano y rojo · manchas de julio superpuestas, las pequeñas engrosadas un píxel de la imagen, unos 30 metros de terreno: eso multiplica por 2,3 lo que ocupan, así que en el dibujo son el 46 % de lo pintado cuando lo medido es el 27 % · Contains modified Copernicus Sentinel data [2026] · procesado propio

El 30 de julio publicamos una medida de lo que ardió en trece días en una comarca de Ávila: 11.052 hectáreas repartidas en 1.269 manchas, de las que 1.229 no llegaban a 30 hectáreas. Aquel artículo dejó dos cosas en provisional, porque el fuego seguía activo el día de la escena: la severidad, medida con el frente todavía vivo, y el balance de las manchas grandes, que se salían del recuadro por el este. Y prometía volver en la primera semana de septiembre con una escena posterior estable para recalcular la severidad y ver cuántas de las manchas pequeñas seguían siendo suelo desnudo.

Esta es la vuelta. La escena es del 28 de agosto de 2026, treinta días después. Para entonces el incendio de Burgohondo, declarado el 22 de julio, estaba dado por controlado desde el 16 de agosto, aunque no por extinguido. Y la respuesta a la pregunta que dejamos abierta cabe en una frase: de las 1.229 manchas pequeñas, 1.176 siguen mayoritariamente en carbón. Ninguna ha recuperado en verde la mitad de su superficie.

Una salvedad que vale para todas las cifras que siguen. Entre la escena anterior al fuego y la del 28 de agosto hay dato válido en el 97,86 % del recuadro. El 2,14 % restante son 4.437 hectáreas que la clasificación de escena de Sentinel-2 descartó por nube, sombra de nube, cirro, nieve o saturación en alguna de las dos fechas, y sobre las que no medimos nada. Lo que no se mide solo puede sumar superficie quemada, nunca restarla: todo lo que sigue es una cuenta conservadora.

La misma medida, primero

Antes de medir nada nuevo, repetimos la medida de julio con el mismo detector, las mismas dos escenas y los mismos umbrales, para comprobar que el método sigue dando lo mismo. El píxel mide 20 metros de lado, es decir 0,04 hectáreas, y el detector descarta las manchas de menos de doce píxeles, que son 0,48 hectáreas. Esa es la escala de todo lo que viene después.

Da exactamente lo mismo: 1.269 manchas y 11.052,0 hectáreas. De ellas, 40 manchas llegan a 30 hectáreas o más y suman 8.043,9 hectáreas; las otras 1.229 se quedan por debajo y suman 3.008,1. Si esa reproducción hubiera fallado, nada de lo que sigue sería comparable, así que si no cuadra, no seguimos.

Y esta vez guardamos algo que en julio no guardamos: la geometría de cada mancha. Cuánto mide, dónde está su centro y qué trozo del recuadro ocupa. Es lo que permite pintarlas sobre la escena de portada, y es lo que en julio faltó para poder hacerlo.

La severidad, medida ahora sobre una escena estable

Aquí se manejan dos números y conviene separarlos desde el principio, porque se mueven en sentidos contrarios. El NBR, Normalized Burn Ratio, se calcula sobre una sola escena comparando el infrarrojo cercano y el de onda corta: baja cuando desaparece la vegetación, y el carbón lo deja en negativo. El dNBR es la resta del NBR de antes menos el de después: sube cuando el terreno ha empeorado. Un NBR que sube y un dNBR que sube dicen cosas opuestas, y en este artículo decimos siempre cuál de los dos es.

La severidad se mide con el dNBR, que es el índice de julio y el de la práctica recomendada de UN-SPIDER. Los tramos son los del USGS que adopta esa misma guía: baja de 0,10 a 0,27, moderada-baja de 0,27 a 0,44, moderada-alta de 0,44 a 0,66 y alta de 0,66 a 1,30. Lo que pasa de 1,30 queda fuera de la tabla del USGS; nosotros lo contamos también en la clase alta, y son 69,5 hectáreas de las 6.239, el 1,1 %.

Lo que cambia es la escena posterior. En julio era la del 29, con el fuego todavía activo en la comarca. Ahora es la del 28 de agosto, y la comparación es la que un índice de severidad pide: dos escenas limpias, una antes y otra bastante después.

La misma comarca el 29 de julio de 2026, día de la escena de julio, en la misma composición de infrarrojo de onda corta, infrarrojo cercano y rojo. La cicatriz aparece como una mancha marrón rojiza continua que cruza la mitad derecha y se sale por el borde, con el embalse del Burguillo en negro. No hay nubes ni humo sobre la zona quemada. El resto es verde de pinar y monte, con manchas pajizas de pasto seco al norte.
La escena de julio, tomada con el frente todavía activo: es la que se usó entonces para medir la severidad, y por eso aquella severidad se dio como provisional. Es la misma imagen que abría el artículo de julio, sin cambios. Sentinel-2 L2A, 29-07-2026. Contains modified Copernicus Sentinel data [2026] · procesado propio.
Escena de julio (fuego activo) Escena del 28-08 (estable)
dNBR mediano, manchas de 30 ha o más 0,73 0,755
dNBR mediano, manchas menores de 30 ha 0,561 0,578
Severidad alta en las grandes 5.058 ha 5.133 ha
Severidad alta en las pequeñas 947 ha 1.106 ha
Severidad alta en total 6.005 ha 6.239 ha

Medida contra la escena estable, la severidad no baja: sale igual o algo mayor. La mediana sube dos centésimas y media en las manchas grandes y algo menos de dos en las pequeñas, y la superficie en severidad alta crece un 4 %, de 6.005 a 6.239 hectáreas. Las grandes pasan de 5.058 a 5.133 y las pequeñas de 947 a 1.106, así que dos tercios del aumento están en las pequeñas.

Esa diferencia es pequeña y no sabemos a qué atribuirla. Para separar el efecto del fuego todavía activo el 29 de julio haría falta un control que no hemos medido: el mismo cálculo sobre terreno no quemado del recuadro, entre las mismas dos fechas. Sin él, la subida es compatible con el frente vivo, y también con la deriva propia de treinta días, que son un mes más de sequía sobre la vegetación que sobrevivió y un sol más bajo a finales de agosto que a finales de julio. Y hay un detalle que no encaja del todo con la explicación fácil: si lo que movió la medida de julio fueran las manchas que aún ardían, la mediana de las pequeñas debería haber subido más que la de las grandes, y sube menos. Lo que la comparación sí establece es la dirección: si julio se equivocó, fue por defecto y no por exceso.

Se mantiene el reparto que contamos en julio: lo grande quema con más severidad que lo pequeño, 0,755 frente a 0,578 de mediana, y en las manchas grandes casi dos tercios de la superficie está en severidad alta. Pero las 1.106 hectáreas de severidad alta repartidas en manchas pequeñas tampoco son un residuo, y ahora ya no son una foto tomada a medias.

Aparece además algo que en julio no podía aparecer: 145 hectáreas dentro de lo quemado cuyo dNBR de agosto cae en el tramo bajo, entre 0,10 y 0,27. El detector de julio exigía una caída mayor de 0,30, así que por construcción nada quedaba ahí. Que ahora caigan 145 hectáreas en ese tramo quiere decir que su NBR ha subido y ha acercado la resta a cero: en un 1,3 % de lo quemado el terreno ha recuperado parte del camino.

No es la única señal de recuperación de esta escena, ni la mayor. Es la más exigente, porque pide que el dNBR baje de 0,27. La sección siguiente mira la misma recuperación con otro criterio, el umbral de carbón del NBR, y cuenta unas 870 hectáreas de superficie que ya lo ha cruzado: el 8,6 % de las 3.008 pequeñas más el 7,6 % de las 8.044 grandes, seis veces más que estas 145.

Suelo desnudo: la pregunta literal

Lo que preguntamos en julio era cuántas manchas pequeñas seguirían siendo suelo desnudo cuando llegara el otoño. El otoño no ha llegado, pero treinta días son suficientes para que la primera respuesta se vea.

Medimos, píxel a píxel, el NBR del 28 de agosto dentro de cada mancha de julio. Aquí ya no hay resta ni severidad: es el valor de una sola escena, y sube cuando vuelve la vegetación. Un NBR por debajo de 0,05 es carbón o suelo sin cubierta, el mismo umbral que el detector usa para decidir que una superficie está quemada. Un NBR por encima de 0,20 es señal de vegetación, el mismo umbral que el detector usa para decidir que antes del fuego había algo que quemar. Entre medias, transición.

En las manchas pequeñas, el 91,5 % de los píxeles sigue por debajo de 0,05. El 8,1 % está en la transición. El 0,5 % ha vuelto por encima de 0,20. El NBR mediano es −0,21, que es carbón. Las tres clases son excluyentes y no dejan nada fuera; suman 100,1 porque las tres van redondeadas a la décima.

En las grandes, casi lo mismo: 92,4 % en carbón, 7,0 % en transición, 0,6 % con vegetación. Mediana −0,34.

Contado por manchas y no por píxeles: de las 1.229 pequeñas, 1.176 tienen más de la mitad de su superficie en carbón, el 95,7 %. En 908 de ellas, tres de cada cuatro, el carbón cubre el 90 % o más. Y ninguna, ni una, tiene más de la mitad de su superficie con vegetación de vuelta.

El artículo de julio escribió que un fuego pequeño suele apagarse antes de consumirlo todo, y se adelantó a la lectura tranquilizadora que eso invita: aquellas hectáreas de severidad alta repartidas en cientos de parcelas, decía, no eran un residuo. Treinta días después la medida le da la razón por la vía más corta. En severidad al arder, las pequeñas quemaron menos: 0,578 frente a 0,755. En el estado del suelo treinta días después, no hay ventaja: 91,5 % de píxeles en carbón frente al 92,4 % de las grandes.

Lo que ardió después del 29 de julio

La escena del 28 de agosto permite también lo que julio no podía: mirar qué apareció después. Pasamos el mismo detector entre la escena anterior al fuego y la del 28 de agosto, y nos quedamos con lo que está quemado ahora y no lo estaba el 29 de julio.

Son 276 manchas nuevas y 270 hectáreas. Ninguna llega a 30 hectáreas: la mayor mide 16,2 y la mediana 0,64. El frente grande no creció dentro de nuestro recuadro, porque ya lo había abandonado por el este el 29 de julio.

Y no son, en su mayoría, el borde del frente terminando de quemarse. Solo 32 de las 276, con 24 hectáreas, están a menos de 100 metros de alguna mancha grande de julio; 220, con 231 hectáreas, están a más de 250 metros de cualquiera de ellas, y 110 a más de un kilómetro. Las 24 restantes caen entre medias. Son unas nueve manchas nuevas al día durante un mes, todas por debajo del tamaño con el que trabaja la estadística europea.

Antes de que nadie lea ahí más de lo que hay: el incendio no estaba apagado, y parte de esas manchas pueden ser suyas. La Junta de Castilla y León lo dio por estabilizado el 6 de agosto y por controlado el 16, veinticinco días después de declararse, según Tribuna de Ávila. Y días antes habían aparecido focos “en áreas como La Vereda, en el término municipal de Piedralaves; La Adrada, o la presa de El Horcajo”, sobre los que las autoridades investigaban si eran reproducciones provocadas, es decir fuego prendido a propósito dentro del área ya quemada. Lo cuenta Infobae en una pieza del jueves 6 de agosto, que sitúa esos focos “el lunes”: la fecha, el 3 de agosto, la ponemos nosotros. A eso se suma lo que ya avisamos en julio: ni la estadística europea ni este detector distinguen un incendio de una quema agrícola o de gestión, y el control de falsos positivos que publicamos entonces se hizo sobre un salto de trece días, no sobre los cuarenta y tres que separan estas dos escenas. Así que 276 es cuántas manchas nuevas aparecen quemadas, no cuántos fuegos nuevos hubo.

El balance, y lo que el balance no puede decir

Sumando lo de julio y lo que aparece quemado después, en el recuadro han ardido 11.569 hectáreas entre el 16 de julio y el 28 de agosto: el 5,58 % de sus 207.327 hectáreas. Es el balance que en julio no podíamos dar y ahora sí. Ese porcentaje divide un numerador medido sobre el 97,86 % del recuadro entre el recuadro entero, así que es un suelo: la cifra real no puede ser menor, y sobre las 4.437 hectáreas sin dato no sabemos qué ardió. La suma no es 11.052 más 270, y conviene decir por qué: superficie nueva quemada hay 517 hectáreas, y solo 270 de ellas se agrupan en manchas que superan las 0,48 hectáreas del mínimo. El resto entra en el balance y no en el recuento de manchas. Los dos sumandos salen del detector con la misma limpieza aplicada, así que están medidos con la misma vara. Y el 11.052 ya era una cuenta conservadora: en julio el índice marcaba 12.808 hectáreas en bruto y esa limpieza, que quita puntos sueltos, hilos de un píxel y manchas por debajo del mínimo, se llevó un 13,7 %. Con un límite que sigue siendo el mismo: el frente principal salió del recuadro por el este, así que esto es el balance de la comarca y no el del incendio. Según Tribuna de Ávila, ese fuego quemó más de 50.000 hectáreas y es el de mayor extensión registrado en la historia reciente del país; nuestras 11.569 hectáreas no son una porción de esa cifra que se pueda restar ni dividir: se miden con otro método, dentro de otro recinto, y cuentan además lo que el incendio con nombre no explica.

Y hay un segundo límite, que es del método y conviene contarlo porque es instructivo. Si en vez de sumar julio y agosto hubiéramos pasado el detector solo entre la escena anterior y la del 28 de agosto, como si julio no existiera, habría dado 10.225 hectáreas: 827 menos que julio solo, y 1.344 hectáreas de lo que julio detectó ya no las vería. No porque no ardieran. En esas 1.344 hectáreas la mediana del NBR está hoy en 0,07, y en el 64,6 % de ellas el NBR ya ha cruzado el umbral de carbón, así que el detector, que exige carbón, las descarta. El tercio restante sigue en carbón y se cae por otras razones del propio detector: o el dNBR ya no llega a la caída mínima que exige, o la mancha se ha deshilachado y sus trozos bajan del tamaño mínimo.

Qué ha subido el NBR ahí, no lo sabemos. La franja entre 0,05 y 0,20 es justo la que aquí llamamos transición, y en ella caben tanto la ceniza que se haya llevado la lluvia como un rebrote incipiente que todavía no llega a señal de vegetación. Separarlos pide una escena más, y para la ceniza un dato de lluvia del periodo que no hemos medido.

La lección es sencilla: un detector diseñado para contar manchas pequeñas sin falsos positivos es, por la misma razón, malo para hacer balances tardíos. Aquí, un mes de retraso le cuesta 1.344 hectáreas. Por eso el balance lo hacemos sumando dos medidas cercanas al fuego, y no con una sola medida lejana.

Qué significa para octubre

De las 3.008 hectáreas de manchas pequeñas que midió julio, el 91,5 % seguía el 28 de agosto por debajo del umbral de carbón: suelo sin cubierta vegetal a los treinta días. Están repartidas en 1.229 sitios, y casi la mitad de ellos mide menos de una hectárea. Después del 29 de julio aparecieron otros 276.

UN-SPIDER lo dice en la misma guía que usamos para la severidad: los datos y mapas de severidad pueden usarse para estimar la probabilidad de daños aguas abajo por inundación, deslizamientos y erosión del suelo, “the likelihood of future downstream impacts due to flooding, landslides, and soil erosion”. Ese impacto no lo produce la mediana; lo produce cada ladera concreta con cada tormenta concreta. Un incendio de miles de hectáreas tiene un perímetro y un plan de restauración. Mil quinientas manchas pequeñas, cada una con su pendiente y su acceso, no tienen nada de eso, y a los treinta días lo que se ve de recuperación en ellas es mínimo.

Volveremos una vez más, con una escena de después de las primeras lluvias, para medir lo único que aquí no se puede medir todavía: cuánto de ese suelo se ha ido ladera abajo.

Qué construimos con esto

Lo difícil de esta medida no ha sido la escena de agosto. Ha sido que la de julio siguiera valiendo: reproducirla exactamente, guardar esta vez la geometría de cada mancha, y poder decir de cada una de las 1.229 en qué estado está treinta días después. Eso, la medida que se puede repetir y comparar consigo misma, es lo que montamos en T3 AISAT para agro, agua, clima y emergencias. Si en tu comarca hubo fuego este verano y nadie ha vuelto a mirar, sabemos cómo hacerlo.

← Volver al blog

¿Y en tu territorio, qué se ve?

La misma lectura que has visto aquí se puede hacer sobre tus parcelas, tu cuenca o tu red. Cuéntanos tu caso.

Hablar con el equipo