
España lleva 206.768 hectáreas quemadas en 2026 y 376 incendios, según el portal de estadísticas de EFFIS a las 18:00 UTC del 29 de julio de 2026. Es la cifra más alta de la Unión Europea, y en superficie es más del doble de la media de los veinte años anteriores, que ese mismo portal sitúa en 95.245,55 hectáreas al año. El incendio que ha marcado la temporada se declaró a las 13:02 del 22 de julio en Burgohondo, en la provincia de Ávila.
Divide esas dos cifras y sale el primer indicio de lo que vamos a contar: 550 hectáreas por incendio. Ese es el tamaño medio de un incendio español en la estadística europea de este año. Aquí no vamos a repetir el total, vamos a mirar cómo está construido y qué tamaño tiene lo que se queda fuera.
La estadística europea está anclada en 30 hectáreas, y lo dice ella misma
El portal de estadísticas de EFFIS lleva una línea debajo del título que casi nadie cita: “Fires mapped in EFFIS of approx. 30 ha or larger”. Los 376 incendios de España son incendios de ese tamaño o mayores. Al pie de esa misma tabla hay otra advertencia que conviene llevarse: “The fires mapped in EFFIS may include fires set intentionally for the purpose of vegetation management”. Ni el sistema europeo ni lo que vas a leer aquí distinguen un incendio de una quema agrícola o de gestión.
La página técnica del sistema explica de dónde viene ese anclaje y hasta dónde llega. Entre 2003 y 2018 la cartografía diaria se hacía con imágenes MODIS de 250 metros de píxel y solo alcanzaba a “fires of about 30 ha or larger”. Desde 2018 se añadió Sentinel-2, y eso cambió el alcance: “the use of Sentinel-2 imagery allows the detection of fires below the 30 ha threshold and it is estimated that the areas mapped in EFFIS represent about 95% of the total area that burns in the EU every year”. O sea que no hay una barrera dura en 30 hectáreas: hay un anclaje, y por debajo el sistema mapea parte de lo que arde. La misma página añade la frase que de verdad importa: “Although only a fraction of the total number of fires is mapped, the area burned by fires mapped in EFFIS represents about 95% of the total area burned in EU”.
El sistema, por tanto, capta casi todas las hectáreas y solo una parte de los fuegos. Y hay dos cifras que parecen ponerle número a esa parte, porque la portada de EFFIS publica para el conjunto de la UE la superficie cartografiada y la estimada, acumuladas desde el 1 de enero. A las 18:00 UTC del 29 de julio de 2026 eran 474.211 hectáreas cartografiadas y 499.169 estimadas: 24.958 hectáreas de diferencia, un 5,0 % del total estimado y sin perímetro dibujado.
Conviene hacer esa división a mano, porque cambia lo que significa el número. 474.211 entre 0,95 da 499.169,47, y la cifra estimada que publica la portada es 499.169. La estimación no es una segunda medida: es la superficie cartografiada dividida entre el mismo 95 % que el sistema declara dos párrafos más arriba. Vuelve otro día, cuando la página se haya actualizado y las dos cifras sean otras, y la división seguirá cuadrando; también cuadra con el segundo par que muestra esa misma portada, el de toda la cobertura de EFFIS y no solo la UE. Así que ese hueco no es una observación del terreno, sino una cuenta hecha sobre una constante que el sistema se atribuye a sí mismo y cuyo método no está publicado en las páginas que enlazamos. Da un orden de magnitud continental, que es para lo que está. Lo que no da es dónde están esas hectáreas ni de qué tamaño son.
Un aviso para quien quiera comprobarlo, porque el propio sistema lo pide. Esas dos cifras de la portada y la tabla de países del portal son dos vistas distintas del mismo servicio, y sumar a mano las filas de la tabla no reproduce el total de la portada. Por eso aquí no se mezclan en una sola operación: la tabla se usa para España y la portada para el par cartografiado frente a estimado. La página técnica lo dice con todas las letras: “Caution should be taken when comparing this product to other data that may have been produced using different methodologies and scopes”.
Ese 5 % no está repartido a partes iguales por el territorio. Donde hay un incendio de decenas de miles de hectáreas, es un redondeo. Donde no lo hay, puede ser todo lo que ardió. Eso es lo que se puede medir con una imagen de 20 metros de píxel, y es lo que hemos hecho.
Trece días de una comarca, medidos uno a uno
Elegimos un recuadro de 46,6 por 44,4 kilómetros, unas 207.327 hectáreas, sobre el Valle del Alberche y Tierra de Pinares, la comarca del este de Ávila que ocupa la cara norte de Gredos. Es la comarca donde arrancó el incendio de Burgohondo, así que dentro conviven las dos cosas que queremos separar: un frente enorme y todo lo demás.
La imagen de portada es nuestra escena del 29 de julio de 2026, recompuesta desde el Copernicus Data Space Ecosystem en composición de infrarrojo de onda corta (SWIR), infrarrojo cercano (NIR) y rojo. El catálogo da esa pasada con 0,0 % de nube sobre el recuadro. La cicatriz aparece como una mancha marrón rojiza continua que cruza la mitad derecha de la imagen y se sale por el borde: el frente sigue hacia el este, fuera de nuestra ventana, así que lo que ves aquí es una parte del incendio, no su balance.
Trece días antes, el mismo encuadre y el mismo procesado:

Sobre esas dos escenas calculamos el Normalized Burn Ratio, el mismo índice que usamos en el incendio de las Cinco Villas y el que recomienda la práctica de UN-SPIDER. Es un número entre menos uno y uno que compara esos dos infrarrojos, el cercano (NIR) y el de onda corta (SWIR): la vegetación sana “shows a very high reflectance in the NIR, and low reflectance in the SWIR portion of the spectrum”, y una superficie recién quemada hace lo contrario. La resta del índice antes y después es el dNBR, y “a higher value of dNBR indicates more severe damage”.
Aquí hay un cambio importante respecto a aquel artículo. Contar una mancha grande es fácil; contar mil manchas de una hectárea exige que el detector no se equivoque casi nunca, porque cualquier falso positivo se multiplica. Así que un punto del terreno solo cuenta como quemado si cumple estas tres condiciones a la vez:
| Condición | Valor | Qué descarta |
|---|---|---|
| Índice antes del fuego | mayor que 0,20 | Roca, suelo desnudo y cultivo ya cosechado antes de la primera escena |
| Caída del índice | mayor que 0,30 | Cambios pequeños de humedad o de ángulo solar |
| Índice después del fuego | menor que 0,05 | Siega y agostamiento, que bajan el índice pero no lo cruzan |
La tercera es la que hace el trabajo fino. La propia guía de UN-SPIDER sitúa el terreno sin quemar cerca del cero, “non-burnt areas are normally attributed to values close to zero”, mientras que una superficie carbonizada se va claramente por debajo. Exigir que el punto acabe en carbón, y no solo que haya bajado, es lo que separa un incendio de un campo segado en pleno julio.
Después se agrupan los puntos en manchas conexas. Antes de agruparlos se aplica una limpieza que elimina los puntos sueltos y los hilos de un solo píxel, y se descartan las manchas de menos de doce píxeles de 20 metros, es decir 0,48 hectáreas. Esa limpieza no es gratis y conviene declararla: el índice marca 12.808 hectáreas en bruto y quedan 11.052 después de limpiar, un 13,7 % menos. Se lo lleva justo lo más fino, que es la clase sobre la que va este artículo, así que todo lo que leas a partir de aquí es una cuenta conservadora.
El test que dice si esto vale algo
Un detector que encuentra mil incendios donde no los hay es peor que no medir. Así que lo pasamos por el mismo tipo de control que usamos para el estiaje del Waal, que no es el mismo cálculo sino la misma idea: medir el suelo de ruido allí donde la respuesta se conoce de antemano. Aquí eso significa repetir el procedimiento entero sobre dos escenas anteriores a los incendios, separadas por los mismos trece días, donde la respuesta correcta es cero.
El resultado del test nulo son 6 manchas y 6,4 hectáreas en todo el recuadro, la mayor de 1,7 hectáreas. Corrigiendo por la nube de aquellas dos fechas, que dejó válido el 67,5 % del recuadro, equivalen a unas 9,5 hectáreas. Comparado en las unidades que de verdad importan aquí, que son las de las manchas pequeñas: 6 falsos positivos frente a las 1.229 manchas pequeñas que verás a continuación, y 9,5 hectáreas frente a sus 3.008.
Ese control tiene dos límites, y un test nulo que se vende como más fuerte de lo que es no sirve de nada. El primero: las dos escenas son del 16 y el 29 de junio, y la siega del cereal aprieta más en la segunda quincena de julio que en junio, así que el control no somete al detector a toda la presión del confusor para el que se diseñó la tercera condición. El segundo: la corrección por nube supone que el ruido se reparte por igual, cuando en realidad se concentra en los bordes de nube y de sombra. Con esos dos matices, el suelo de ruido sigue estando tres órdenes de magnitud por debajo de lo medido.
1.269 manchas, y 1.229 no llegan a 30 hectáreas
Entre el 16 y el 29 de julio de 2026, dentro de ese recuadro, el índice marca 11.052 hectáreas quemadas, un 5,33 % de su superficie, repartidas en 1.269 manchas separadas.
De esas 1.269 manchas, 40 tienen 30 hectáreas o más y suman 8.044 hectáreas. Las otras 1.229 suman 3.008 hectáreas: el 96,8 % de los focos y el 27,2 % de la superficie. La mancha mediana de la comarca mide 1,04 hectáreas. Y 597 manchas, casi la mitad del total, no llegan a una hectárea.
Conviene desactivar una trampa antes de que la desactive otro. Un frente grande deja islas sin quemar y cuellos estrechos, y al agrupar puntos en manchas esos cuellos se rompen: el mismo incendio aparece troceado y sus jirones se cuelan en la cuenta de los pequeños. Así que separamos lo que está lejos de cualquier mancha grande, y con un criterio exigente: no basta con que la mancha asome más allá de la distancia, tiene que quedar entera más allá. Con esa regla, a más de 250 metros de cualquier mancha de 30 hectáreas o más quedan 755 focos y 1.636 hectáreas, el 14,8 % de todo lo quemado en la comarca. A más de 500 metros, 537 focos y 1.135 hectáreas. A más de un kilómetro, todavía 236 focos y 479 hectáreas. El mayor de los focos separados mide 28,65 hectáreas, justo por debajo del anclaje.
Mover los umbrales mueve el total, y aquí están los cinco juegos que probamos:
| Índice antes | Caída | Índice después | Total | Manchas | Menos de 30 ha |
|---|---|---|---|---|---|
| 0,20 | 0,27 | 0,10 | 12.251 ha | 1.232 | 2.929 ha (23,9 %) |
| 0,20 | 0,30 | 0,05 | 11.052 ha | 1.269 | 3.008 ha (27,2 %) |
| 0,20 | 0,35 | 0,00 | 9.764 ha | 1.224 | 2.954 ha (30,3 %) |
| 0,25 | 0,30 | 0,05 | 9.204 ha | 1.212 | 2.743 ha (29,8 %) |
| 0,15 | 0,30 | 0,05 | 12.962 ha | 1.207 | 2.855 ha (22,0 %) |
La fila publicada es la segunda. El total se mueve entre 9.204 y 12.962 hectáreas, y la parte que cae por debajo de 30 hectáreas se queda entre el 22,0 % y el 30,3 %. El número exacto depende de dónde pongas la raya; el orden de magnitud, no.
Esas 1.636 hectáreas salen de una comarca y en trece días. Esto no dice que EFFIS no tenga ninguna de esas manchas, porque desde 2018 también mapea por debajo de 30 hectáreas. Dice dónde se juega la diferencia entre la superficie cartografiada y la estimada.
Lo pequeño no arde igual que lo grande
El mismo cálculo da la severidad, que es lo que decide dónde se actúa primero. Los rangos que propone el USGS y adopta UN-SPIDER reparten la caída del índice en cuatro tramos: baja de 0,10 a 0,27, moderada-baja de 0,27 a 0,44, moderada-alta de 0,44 a 0,66 y alta por encima de 0,66.
Antes de dar los números, dos avisos. El primero, del método: al exigir una caída mayor de 0,30 el detector deja fuera por construcción toda la banda baja y además el primer tramo de la moderada-baja, así que aquí no hay severidad baja porque no puede haberla, y la moderada-baja sale corta. El segundo, de calendario: con el fuego todavía activo en esa fecha, estas cifras son de una foto, no de un balance.
Con esa advertencia, en las manchas de 30 hectáreas o más el índice cae una mediana de 0,73 y unas 5.060 hectáreas entran en severidad alta: casi dos tercios de su superficie. En las manchas pequeñas la mediana es 0,56 y la severidad alta son unas 950 hectáreas, algo menos de un tercio. Son umbrales estándar aplicados sin comprobación de campo, y la propia guía avisa de que la interpretación fina “should also be carried out through field assessment”.
Es coherente con lo que se espera: un fuego pequeño suele apagarse antes de consumirlo todo. Pero 950 hectáreas de severidad alta repartidas en cientos de parcelas no son un residuo. Son suelo desnudo y sin raíces que lo sujeten, en la cara norte de una sierra, a dos meses de las primeras tormentas de otoño. UN-SPIDER lo dice sin rodeos: los mapas de severidad “can be used to estimate not only the soil burn severity, but the likelihood of future downstream impacts due to flooding, landslides, and soil erosion”.
Y ahí está la diferencia práctica entre las dos cuentas. Un incendio de miles de hectáreas tiene un mando único, un perímetro dibujado y un expediente. Setecientas manchas de alrededor de una hectárea repartidas por una comarca entera no tienen nada de eso, y cada una viene con su propio borde, su propio acceso y su propia pendiente.
Qué le falta a esta medida, y para cuándo
Cuando tomamos la medida, el 29 de julio, el fuego seguía activo y había gente evacuada de sus casas, así que conviene decir con precisión qué es provisional y qué no.
Lo provisional es la parte grande. Nuestra ventana recorta el frente principal, que continúa hacia el este, y en esa fecha el incendio no había terminado: las 8.044 hectáreas de manchas grandes son un suelo, no un balance. Además, un índice de severidad fiable pide una escena posterior estable, con el fuego apagado y sin humo, y esa escena no existía todavía.
El Servicio de Gestión de Emergencias de Copernicus tiene cartografía rápida activada sobre los incendios del centro de España desde el 23 de julio a las 09:48 UTC, con la activación EMSR900, a petición del Centro Nacional de Emergencias del Ministerio del Interior, y con el encargo de dar “initial rough estimation, wildfire extent and damage assessment emergency mapping”. Esa ficha describe los focos de Brieva, en Segovia, y de Almorox, en Toledo, extendiéndose a Villa del Prado, en la Comunidad de Madrid, y menciona evacuaciones; su descripción no nombra esta comarca, pero una de las tres zonas que la activación cartografía, la de “La Atalaya”, sí la cubre, con el embalse del Burguillo dentro y el perímetro quemado dibujado encima. El perímetro oficial, el balance de daños y el recuento de personas afectadas salen de activaciones como esa y de Protección Civil, no de una imagen de satélite.
Lo que no es provisional es el reparto por tamaños. De esas manchas pequeñas no decimos que estén apagadas, porque una imagen no lo demuestra; decimos que están separadas del frente y que su extensión ya está fijada dentro de nuestra ventana, entre el 16 y el 29 de julio, y que el conteo se sostiene con su test nulo. Nuestra aportación es el reparto, no el total.
Volveremos sobre esta comarca en la primera semana de septiembre, con una escena posterior estable, para recalcular la severidad y ver cuántas de estas manchas pequeñas siguen siendo suelo desnudo cuando llegue el otoño.
Qué construimos con esto
Recrear una escena y calcular un índice no es lo difícil. Lo difícil es entregar el paso completo, de la imagen cruda al reparto por tamaño y severidad, con el test nulo hecho y el procedimiento escrito para que se pueda repetir el mes que viene sobre otra comarca. Eso es lo que montamos en T3 AISAT para agro, agua, clima y emergencias: convertir una pasada de satélite en un dato que aguanta una decisión de presupuesto.
Una estadística continental está bien hecha para lo que fue diseñada, que es medir el total europeo dejándose por el camino un 5 % declarado de la superficie. Quien tiene que decidir dónde colocar el próximo octubre los haces de ramas que frenan la erosión necesita otra cosa: cuántas manchas hay, dónde están y cuál de ellas quemó de verdad. Si en tu comarca este verano no hubo ningún incendio con nombre propio, ¿sabes cuántas hectáreas ardieron en ella?